Dice el psicoanalista y filósofo Erich Fromm que todo individuo lleva la humanidad en su interior y que la igualdad entre los hombres se debe recordar especialmente para evitar que uno se convierta en instrumento de otro.
Cuando indagas sobre el significado de humanidad aparecen varias acepciones y me quiero centrar en:
· Condición de persona o ser humano.
· Característica propia del ser humano.
· Cualidad de la persona humanitaria.
· Capacidad de sentir solidaridad, afecto, bondad, compasión o comprensión hacia las demás personas.
Esto me ha hecho recapacitar sobre una situación personal vivida hace poco, en la que tras muchos meses de pruebas, de citas con distintos especialistas, de protocolos de actuación y de 7 meses de lista de espera, llegó, por fin, el momento de afrontar la tan necesaria operación que eliminaría el dolor y permitiría seguir con la vida anterior, pero tras el preoperatorio, las 12 horas en ayunas previas a la operación, la organización familiar, la preparación psicológica, etc. todo se truncó, tras una hospitalización de varias horas a la espera de entrar en quirófano, aún no sabemos muy bien porqué, tuvimos que aceptar una prueba extremadamente dolorosa, sin anestesia ni sedación de ningún tipo y a día de hoy, tras varias semanas, totalmente inútil.
Si bien todos nosotros tendríamos que anteponer la humanidad a muchas otras cualidades y ejercerla a toda costa, aquellos profesionales que día a día atienden personas paralizadas por el miedo pues su salud se ve mermada, el dolor les aqueja, la incomprensión de lo que les ocurre les limita, tendrían que hacer un uso excepcional de esa HUMANIDAD y derramarla a raudales sobre esos pacientes aterrorizados, necesitados de comprensión, de bondad, de afecto, de solidaridad, de información, si bien, la solución a sus problemas puede o no ser posible, lo que sí es viable y exigible a toda costa, es que sean tratados con la máxima dignidad y respeto a su particular situación.
¿Acaso no somos todos humanos?, ¿no sangramos y sufrimos de igual manera?, ¿no nos aquejan miedos similares?
Quiero pues recordar al colectivo sanitario que ellos más que nadie deben de ser personas humanitarias pues a pesar de que reciben contraprestaciones dinerarias por su encomiable labor, deben de integrar que no es un mero trabajo lo que llevan a cabo, es una materialización de esa humanidad, que es condición inherente del ser humano, y de no ser capaces de hacerlo deberían de valorar el dedicarse a otra profesión dónde no sea tan necesaria.
Cualquier médico, enfermera, sanitario o profesional de la sanidad, puede cualquier día estar sentado como paciente frente a otro colega y experimentar entonces ese miedo del que hablaba y que hace que no seas capaz de preguntar ni de entender lo que te dicen y por ende sentirte perdido y solo ante ese entramado burocrático de falta de información y humanidad.
El colectivo profesional de la sanidad está formado por personas y no por dioses como parece ser en muchas ocasiones, somos nosotros como pacientes los que les conferimos esa divinidad pues depositamos en ellos nuestras esperanzas y rezos dejando que el miedo a la ira divina nos acalle y paralice.
Espero que este pensamiento en voz alta, y que seguro que muchos de vosotros compartís, sirva como elogio para aquellos profesionales que practican su humanidad para con sus pacientes y de reflexión para aquellos que se han desviado de su misión vital, el ser humanitarios.
