lunes, 21 de marzo de 2011

¿Síndrome de felicidad aplazada?

En muchas ocasiones acabamos por sacrificar la felicidad presente en favor de un futuro en el que todo cambiará. Nos perdemos los importante de la vida porque tenemos que hacer esto o lo otro con vistas a la semana, al mes, al año que viene, ponemos nuestras ilusiones, sentimientos y emociones en las próximas vacaciones, en el trabajo que algún día conseguiremos, en el viaje que haremos, en… sin pensar que el futuro siempre es futuro y que la meta u objetivo es efímero, lo que perdura y de verdad importa es el camino que es dónde se desarrolla nuestra vida y dónde debemos encontrar la felicidad.
No debemos permitirnos hipotecar el presente con las perspectivas de un momento futuro porque estaremos perdiendo lo único que tiene sentido, el día a día y con esto no quiero decir que no hay que fijarse metas, realizar planes, tener sueños e ilusiones, lo único que quiero constatar es que a veces nos pierde esa visión futura y olvidamos que lo único que es real es el momento en el que estamos y si ese camino que nos hemos fijado no nos aporta, no nos llena y no nos hace sentir vivos y disfrutarlo, entonces tenemos un grave problema, tenemos el síndrome de felicidad aplazada, estaremos dejando de vivir el presente en pro de algo que está por llegar y es totalmente incierto y sin garantías.
No podemos permitirnos dejar pasar un segundo de nuestra vida sin saborearlo y disfrutarlo mientras anhelamos el futuro porque estaremos dejando pasar lo único que en realidad tiene sentido, el aquí y ahora.

domingo, 13 de marzo de 2011

La zona de confort

A pesar de que la vida misma es cambio constante, que desde que nacemos nos enfrentamos a una evolución sin freno, que  nuestro mismo cuerpo cambia día a día a pesar de todo ello, no hay cosa que nos produzca más pavor y nos paralice más que las situaciones nuevas, los cambios de trabajo, de colegio, de ciudad, de…. y es que nos sentimos cómodos en aquello que se ha convertido en una rutina, en aquello que controlamos, en aquello que no nos depara sorpresas y es previsible.
Algunos autores se refieren a esta situación controlada como “la zona de confort” y es que en ella nos sentimos protegidos, dueños y señores, no hay sobresaltos, todo está en su sitio, es fácil moverse y prever lo que va a acontecer.
Pero no se puede avanzar, ni crecer, ni evolucionar si no nos enfrentamos a esas barreras que hemos levantado alrededor de nuestra “zona de confort” y es que cualquier cambio implica riesgo, incertidumbre, no control y eso nos aterroriza y paraliza así que ante cualquier situación nueva nuestro cerebro empieza a lanzar mensajes:
¡Uf… eso no funcionará!
¡Esa nueva situación, no te beneficia!
¡Demasiado peligroso!
¡Seguro que al final es un fracaso!
Y así hasta que abandonas el nuevo proyecto y te vuelves a lo que conoces y te resulta cómodo.
¿Cuántas veces has oído a tu cerebro lanzar mensajes de este tipo? Y ¿Cuántas veces lo has desoído y te has lanzado, te has arriesgado, lo has intentado?
No hay peor fracaso que no intentarlo.

domingo, 6 de marzo de 2011

Las emociones

Daniel Goleman en su famoso libro “La inteligencia emocional” habla sobre como gestionamos nuestras emociones y las de los demás y de la capacidad  de  las emociones para apoderase y secuestrar el cerebro.
Según Goleman este tipo de inteligencia tiene 5 componentes:
El autocontrol: conocer tus sentimientos y utilizarlos  para tomar decisiones acertadas.
La gestión de las emociones: principalmente las negativas, sobre todo, los estados de ansiedad.
La motivación: funcionar con objetivos, permanecer optimista a pesar de los contratiempos y fracasos.
La empatía: capacidad de saber lo que los demás sienten sin necesidad de palabras, porque la gente rara vez dice con palabras lo que siente, lo dice con el tono de voz, gestos, expresiones…
La percepción social: saber identificar las claves necesarias para interactuar y saber tratar a la gente para que se sienta mejor.
Comparto con este autor cuán importante es gestionar las emociones de manera adecuada y no digo ahogarlas, esconderlas u obviarlas, pues eso no es saludable, sino atenderlas como es debido y con ello me refiero a observarlas, analizarlas y descubrir porque se han producido y darles salida.
Necesitamos darnos permiso para estar tristes y llorar amargamente. Necesitamos dar alas a nuestra alegría y motivación. Necesitamos enfurecernos y soltar nuestra ira. Necesitamos…
En la manera en la que lo hagamos se verá cuan inteligentes emocionalmente hablando somos, porque antes que racionales, los humanos somos emocionales.
Y tú, ¿gestionas bien tus emociones?