domingo, 20 de noviembre de 2011

Permitidme que sea vuestra emocionadora personal a través de estas palabras…

Permitidme que os emocione y abra esa caja que todos tenemos en nuestro interior…
¿Os habéis parado a pensar la increíble potencia de las emociones?
Las emociones son un recurso innato en las personas, que nos han permitido, a lo largo de la historia de la humanidad, adaptarnos al medio y propiciar la supervivencia de la especie.
Las emociones controlan a nivel fisiológico el funcionamiento de nuestro cuerpo, son capaces de alterar el ritmo cardíaco, la respiración, la segregación de jugos gástricos y un montón de cosas más en las que no voy a incidir hoy.
Una emoción, puede paralizarnos o darnos alas o puede generar un estado en el que no sintamos dolor y seamos capaces de desarrollar una fuerza sobre humana. Pueden bloquear el pensamiento cognitivo y hacernos actuar de una forma irracional o mejor dicho fuera de lo que consideramos habitualmente normal.
El otro día escuchaba una noticia sobrecogedora, un señor iba en su coche con su hijo de tres años y cayó a un barranco, fue encontrado por un campesino que llamó al 112. Desde el accidente hasta el rescate, ¡¡trascurrieron 20 horas!!. El padre murió en ese intervalo de tiempo pero el pequeño consiguió sobrevivir, tan solo tenía heridas leves.
Soy madre, e imagino que muchos de vosotros también lo seréis (padres o madres) o si no, seréis capaces, como seres humanos que sois, de echar mano de ese sentimiento de protección para poneros en situación y ser capaces de entender lo que trato de explicaros.
El niño iba sentado en su silla, atrás, y el padre en el asiento del conductor, el equipo de rescate, encontró al padre, ya sin vida, en la parte trasera del coche, abrazando a su pequeño.
Podéis imaginaros la emoción que embargaba a este padre y la increíble fuerza interna a la que tuvo que recurrir para, herido de muerte, contusionado, dolorido, ensangrentado  y desfallecido, trasladarse a la parte trasera, abrazar a su hijo, protegerlo de las inclemencias y darle una oportunidad de supervivencia hasta que llegara alguien a ayudarlos.
¿Podéis imaginaros esos segundos, minutos, horas?
¿Podéis recrear esa lucha por conseguir sobrevivir un poco más y poder tranquilizar a ese, vuestro hijo, y abrazarlo con fuerza, y trasmitirle vuestro amor, y propiciarle una oportunidad, y decirle y contarle mil historias, y besarlo y sentirlo un poco más y… despediros de él?
Ese es el poder de las emociones, impresionante, imparable, invencible y al parecer… olvidado en algún rincón de nuestra memoria.
Dejad que las emociones os embarguen, compartidlas y aprovechad la energía que de ellas emana, sed humanos.
EMOCIONAROS!!!!!!! No hay nada que os haga sentir tan vivos.

1 comentario:

  1. Cuando nació mi hija sin que todavía tuviera el ritmo del tiempo y deseaba que durmiera, me abría los botones de mi pijama de hospital y me la ponía en mi pecho para que escuchara el latido de mi corazón. Ella se quedaba dormida con ese gesto de serenidad que empezaba a ser humana.
    Un beso Marisa.

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