En muchas ocasiones acabamos por sacrificar la felicidad presente en favor de un futuro en el que todo cambiará. Nos perdemos los importante de la vida porque tenemos que hacer esto o lo otro con vistas a la semana, al mes, al año que viene, ponemos nuestras ilusiones, sentimientos y emociones en las próximas vacaciones, en el trabajo que algún día conseguiremos, en el viaje que haremos, en… sin pensar que el futuro siempre es futuro y que la meta u objetivo es efímero, lo que perdura y de verdad importa es el camino que es dónde se desarrolla nuestra vida y dónde debemos encontrar la felicidad.
No debemos permitirnos hipotecar el presente con las perspectivas de un momento futuro porque estaremos perdiendo lo único que tiene sentido, el día a día y con esto no quiero decir que no hay que fijarse metas, realizar planes, tener sueños e ilusiones, lo único que quiero constatar es que a veces nos pierde esa visión futura y olvidamos que lo único que es real es el momento en el que estamos y si ese camino que nos hemos fijado no nos aporta, no nos llena y no nos hace sentir vivos y disfrutarlo, entonces tenemos un grave problema, tenemos el síndrome de felicidad aplazada, estaremos dejando de vivir el presente en pro de algo que está por llegar y es totalmente incierto y sin garantías.
No podemos permitirnos dejar pasar un segundo de nuestra vida sin saborearlo y disfrutarlo mientras anhelamos el futuro porque estaremos dejando pasar lo único que en realidad tiene sentido, el aquí y ahora.

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